Dulces Santos

bunuelos-5-duotonoEn la antigüedad, diferentes culturas establecieron un tiempo de espera que sirviera de indicador a los cambios de estación. En nuestra tierra, esos cambios se asociaban a dos momentos determinados, el primero de los cuales, el fin del buen tiempo, venía marcado por la fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre, 40 días después del equinoccio de otoño. Esta fecha marcaba también, en muchos lugares, el final del año agrícola: una vez recogida la algarroba, pelada la almendra y prensada la oliva y la uva.

Este inicio del invierno viene acompañado también por su propio repertorio culinario, sobre todo, dulces capaces de conservarse durante mucho tiempo y suministrar una fuente de energía fácilmente digerible durante los meses fríos. Posiblemente los más típicos de estos dulces sean los huesos de santo y los buñuelos de viento, tradicionales en los primeros días de noviembre, sobre todo del día 1.

Los huesos de santo tienen una forma alargada y cilíndrica. Su textura es la típica del mazapán por lo que resultan blandos y ligeros. Aunque originalmente son de color blanco y rellenos de dulce de yema, en la actualidad se pueden encontrar de distintos colores y rellenos de distintas confituras. Este dulce se viene fabricando desde hace siglos el día de Todos los Santos; lo más probable es que se comenzara a realizar porque es alrededor de noviembre cuando se ha acabado de recolectar la almendra de los campos.

Por otra parte, los buñuelos de viento suelen tener forma de bola; su color es ligeramente amarillento y resultan bastante tiernos y jugosos. Los tradicionales suelen estar rellenos de crema o nata, aunque en la actualidad, al igual que sucede con los huesos de santo se pueden encontrar de otros sabores. El secreto de su éxito está en la manera de freírlos, para que se hinchen bien y no quede la masa cruda en el centro.